Llevo algún tiempo con mis redes sociales algo apartadas. Han sido semanas de intenso trabajo en el estudio, entregado por completo al acabado de mis últimas obras. En esta etapa del año, cuando la temporada comienza a llegar a su fin y el cansancio se hace más presente, la concentración, el recogimiento y el trabajo constante en el taller se vuelven más necesarios que nunca para culminar cada obra con la dignidad que merece.



En la tarde de hoy quiero compartir con todos vosotros este magnífico reportaje fotográfico realizado por mi querido hermano y gran artista Jorge Cabrera, dedicado a mi Señor de la Humildad en su Expolio, obra realizada para la querida Agrupación Parroquial de la Humildad, de la barriada de Barbadillo, en Jerez de la Frontera.
El pasaje representado recoge uno de los momentos más sobrecogedores de la Pasión de Cristo: aquel instante en el que Nuestro Señor es despojado de sus vestiduras en el Monte Calvario.
Tras muchas horas de estudio, reflexión y numerosos bocetos, quise afrontar esta iconografía tratando de aportar una visión distinta, buscando una representación que, sin perder el respeto a la tradición, transmitiera una sensación más intensa de naturalidad y humanidad. Por ello me alejé deliberadamente de la imagen más habitual de Cristo con los brazos abiertos, optando por una postura más viva, más dinámica y más cercana al momento real que narra el Evangelio.
Como puede apreciarse en el reportaje —especialmente en las imágenes en las que la escultura aparece sin vestir—, el Señor adopta una pose natural y, al mismo tiempo, valiente. Adelanta el pie izquierdo mientras el derecho queda retrasado; el torso gira hacia la izquierda y el hombro derecho se adelanta. Sus brazos caen descolgados, como si en ese preciso instante los sayones hubiesen tirado de ellos violentamente hacia su lado izquierdo, gesto que encontrará su plena explicación cuando el grupo escultórico quede completado.



El busto del Señor se inclina hacia la derecha, mientras la mirada se dirige a la izquierda. Es el gesto instintivo de quien, al sentir el brusco tirón de quienes lo empujan, vuelve primero los ojos antes que la cabeza. El cuerpo aparece ligeramente semiflexionado, aportando a la imagen una sensación de movimiento que busca transmitir humildad, dignidad y una profunda humanidad en medio del sufrimiento.
El Señor porta un pequeño sudario tallado a modo judío, un sencillo paño de pureza que acompaña discretamente la anatomía de la imagen.
Toda la obra, incluida la peana y la corona de espinas, ha sido tallada íntegramente en madera de cedro real, posteriormente estucada y policromada al óleo. La corona de espinas, también tallada en madera, forma parte de la propia obra.
La policromía presenta una gran riqueza de matices, en la que quedan reflejados los signos de la Pasión que Cristo ha sufrido antes de llegar al Gólgota: los duros flagelos, las heridas de las rodillas, la llaga del hombro causada por el peso de la cruz… Todas estas señales han sido trabajadas combinando distintos planos de talla y relieves, conjugando escultura y pintura para lograr una mayor profundidad y realismo. Las veladuras permiten apreciar a lo largo de todo el cuerpo los terribles azotes recibidos durante aquel brutal castigo.



La imagen, tal como aparece representada, mide 1,80 metros, aunque completamente erguida alcanzaría aproximadamente los 1,85 metros. A pesar de su presencia poderosa, he buscado una anatomía estilizada y armónica que refuerce la elegancia natural del conjunto.
El rostro del Señor refleja dolor, pero también una profunda dulzura. En sus ojos verdes se percibe el sufrimiento de Cristo camino del Calvario, pero también esa serenidad que nace de su infinita humildad y de su entrega absoluta por la salvación del mundo.
Como suelo decir, una imagen vale más que mis torpes palabras. Por ello os dejo este reportaje fotográfico que, como venimos haciendo desde hace tiempo, ha sido realizado únicamente con la luz natural que entra desde la calle en mi estudio, sin flashes ni retoques. Tan solo la luz ambiente del sol, sin incidir directamente sobre la obra, lo que me permite mostraros la policromía exactamente tal y como es en la realidad.



Antes de despedirme, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a mi equipo de trabajo: a mi oficial Don Juan José Fernández Almagro, a mi ayudante Antonio Jesús Ángel Verdugo y a mi discípulo Gonzalo Quesada. Gracias por vuestro trabajo, vuestro cariño y vuestro apoyo constante día tras día en el taller.
Quiero agradecer también, de corazón, a mis queridos José Carlos Arroyo y Pablo Villalba por su ayuda y por ser ambos una fuente de inspiración anatómica y expresiva. En ellos he estudiado mucho, procurando siempre aportar mi propia impronta, mi manera de sentir y, sobre todo, dejándome guiar por la inspiración del Espíritu Santo. Gracias a ambos por vuestra amistad y por el cariño que siempre habéis mostrado hacia mi persona y hacia mi obra.
Mi agradecimiento se extiende igualmente a todos mis queridos hermanos de la Agrupación Parroquial de la Humildad de Barbadillo, a su Hermano Mayor, a su Junta de Gobierno y a todos los hermanos; especialmente a Don Juan Jacinto y a Don Francisco. A todos ellos, mil gracias por la confianza y el afecto que siempre me habéis demostrado.
Y, por encima de todo, doy gracias a Dios Nuestro Señor, que es quien permite que de estas torpes manos puedan brotar imágenes de su Hijo Jesucristo, para que sigan siendo instrumento de evangelización y camino que acerque a las almas hasta Él.
Ojalá esta obra sea de vuestro agrado. Y, sobre todo, si ante ella nace una oración o alguna petición al Señor, sentiré que mi misión se ha visto cumplida. Os invito a rezarle y a pedirle a Dios a través de mi Señor de la Humildad.
Si lo consideráis oportuno, me alegrará mucho que podáis compartir esta publicación con vuestros amigos y en vuestras redes sociales.
Que el Señor de la Humildad en su Expolio os colme de todas las bendiciones que solo Él puede concedernos.
Recibid un fortísimo abrazo, mis queridos amigos y amigas.
Martín Nieto
Escultor – Imaginero
652 80 85 40
Morón de la Frontera (Sevilla)
