Grupo escultórico que acompañará al Señor de la Humildad de Lebrija

¡Estimados amig@s, muy buenas, Paz y Bien!

¡Llegó el día de mostraros mi último grupo escultórico para mis querid@s herman@s de la Hermandad de la Humildad (LEBRIJA)! (Mencionar).

Han sido varios años de duro trabajo y estudio, entre otros encargos, el darle vida a este grupo escultórico que acompañará al Señor de la Humildad.

Este grupo escultórico, que acompañará al Señor de la Humildad, obra del Maestro D. Juan Abascal Fuentes, fue esculpido en el año del Señor de 1981.

La representación iconográfica que he recreado es la preparación a la Crucifixión de nuestro Señor Jesucristo, momentos antes de ser ajusticiado.

En este amplio reportaje, tanto desnudas como vestidas las esculturas, vemos siete personajes, siete esculturas de tamaño natural (aproximadamente 1,76 cm), aunque ninguna de las siete tiene la misma medida; están talladas íntegramente en madera de cedro real y con terminación al óleo.

En el boceto que os adjunto con el reportaje fotográfico podéis ver la escenografía y composición del grupo, donde quedó totalmente definida lo que buscaba desde el principio cuando comencé a crear la composición.

El hermano mayor y la junta de gobierno me dejaron total libertad para crear la composición que más me gustara, así que os cuento lo que veis en el día de hoy.

La escena se divide en dos partes: la primera es la visión central, donde aparece el Señor más atrás que en años anteriores, sin llegar al centro del paso y mucho más alto, para que siempre sea el punto central del grupo escultórico.

Me gusta, en cada composición, que haya, si es posible, un mensaje catequético y evangelizador que interactúe con el Señor, y por eso pensé en los dos ladrones, San Dimas y Gestas.

Pero es San Dimas quien da sentido a toda la escena y el que me inspira a inmortalizar un momento que creo que, a día de hoy, no está representado en ningún paso de misterio: es el momento en que San Dimas, arrodillado a punto de ser crucificado, mira el rostro de Nuestro Señor Jesucristo. Es en ese momento donde yo recreo que se produce esa conversación, y que momentos después, en la cruz, se hace realidad: «HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO».

El buen ladrón está arrodillado, como lo hacemos los cristianos ante el Santísimo, con sus manos maniatadas en la parte delantera.

Junto a San Dimas, y despreciando a Cristo, nos encontramos a Gestas, absorto y apesadumbrado, solo pensando en la muerte inminente que tendrá al ser crucificado. En absoluto le interesa la figura de nuestro Señor Jesucristo; él mira al público, es la escultura en la que mejor se ve el rostro, pues mira hacia fuera del paso y hacia abajo. Tiene las dos rodillas en tierra y aún sigue pensando en el mundo, a diferencia de San Dimas. Sus manos maniatadas están a la espalda y apretadas al máximo, gesto de rabia, ira y soberbia.

Un poco más atrás del Señor, a derecha e izquierda, nos encontramos con dos soldados romanos. El que está a la izquierda del Señor es el que tiene maniatados de manos a los dos ladrones. Con la mano derecha los tiene prendidos con una soga, mientras con la mano izquierda sostiene una lanza romana. Se muerde la parte baja del labio inferior y, de modo enérgico, tira de los dos reos para llevarlos a la cruz.

A la derecha del Señor está el segundo soldado romano, que acerca con su mano izquierda la copa con el vino y la hiel, una bebida que se solía dar a los reos para mitigar el suplicio de la crucifixión, que el Señor no quiere beber.

Este romano tiene una expresión algo más joven y mira al Señor con un gesto más sereno.

En la parte media trasera del paso, nos encontramos tres soldados romanos, preparando la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo.

Dos de ellos mantienen un diálogo. El primero, que aparece al lado derecho del Señor, sostiene en su mano izquierda la sentencia de Nuestro Señor Jesucristo, que es el famoso tablero del INRI en los tres idiomas, mientras que con la mano derecha porta una lanza, sobre la cual se apoya y le sirve de arma de defensa en ese momento de tanto gentío y alboroto, viendo la inminente crucifixión del Señor. Está en expresión dialogante, dando órdenes a su compañero romano.

Al que se dirige este primer romano está situado a la izquierda de Nuestro Señor, sostiene en su mano derecha la cruz, mientras acerca su mano izquierda para recoger el INRI y clavarlo en la cruz, para que todos puedan ver el porqué se ajusticia a muerte a Jesucristo, por haberse proclamado el Rey de los Judíos y el mismo Hijo de Dios. Este romano solo escucha las órdenes de su superior.

Para cerrar la escena, siempre me gusta incluir un personaje que dé vida y verismo a la trasera del misterio. Cuando pase el paso, haya un mensaje en la trasera; en este caso hablamos del quinto romano, que aparece arrodillado y anudando las cuerdas en el patíbulo de la cruz, para que, una vez crucificado el reo, se pueda exaltar al Señor. Este último romano tiene una expresión de estar ejerciendo fuerza: aprieta la boca y encoje el rostro debido a la fuerza que está ejerciendo en ese mismo momento.

Este grupo escultórico es anatómico en su totalidad, aunque, siendo de vestir, los cinco romanos. En el reportaje que os comparto lo podéis observar.

He pensado mucho en las vestimentas de los romanos, la conjunción de cueros artísticos y metales, y, como no, en el color de las ropas de los romanos. He querido salir del color más habitual y buscar más armonía, para que no haya colores que desentonen o distraigan la escena, y sobre todo, al Señor.

De igual forma, descarté los plumeros en todos los cascos. Tan solo aparecen con plumas dos romanos, y son precisamente los que van detrás, para que no haya distracción de lo más importante, que es el Señor. Los dos que van junto al Señor y en la trasera del paso van sin ningún tipo de plumas, por eso mismo, para que no distraigan lo más mínimo la espalda del Señor y los dos perfiles. A la vez, no es todo tan homogéneo.

Espero haberme podido explicar. No he querido extenderme mucho más para no aburriros; como se suele decir, una imagen vale más que mil de mis torpes palabras.

Quiero dar las gracias a tantas personas que, de una manera u otra, han colaborado en este grupo escultórico. Espero no dejarme a nadie atrás, y si es así, que me perdonen de todo corazón.

En primer lugar, a mi oficial Juan José Fernández «el Malagita», mi mano derecha en el taller y mi oficial fijo en mi taller desde hace muchos años, con el que comparto todo en casa, cada nueva obra, y con mi ayudante Antonio Jesús «el Momi», hombre leal y trabajador con el que paso más tiempo que con mis hijos. Ambos son familia para mí, aparte de excelentes trabajadores y maravillosas personas. Gracias de todo corazón.

A mi amigo, artista y discípulo Gonzalo Quedado, por su ayuda también en las labores de limpieza en este misterio, muchas gracias.

Al artífice de este maravilloso y espectacular trabajo de fotografía, mi hermano Jorge Cabrera, al que tanto le tengo que agradecer, y los buenos ratos que pasamos componiendo colores e investigando. Gracias, Jorge, hermano mío. En esta ocasión nos hemos lanzado a hacer todo el reportaje fotográfico al natural, en medio de la calle, con luz natural y sin ningún tipo de luz artificial. Tan solo se ha eliminado el fondo. Con esta nueva forma de trabajar, los colores que veis en cada obra son tal cual, no hay ningún tipo de retoques, y sin lugar a dudas, tiene una gran veracidad. Toda la gama cromática de las policromías queda al descubierto.

Y, como no, dar las gracias a las fuentes de inspiración de estas siete obras: Mi hermano Emilio «El Duende», Jesús Criado «El Pijo», Juan Antonio «El Muni», mi hermano Alberto Reina «S.P.Q.R.», Juan Luis «Yanclo Larala», mi compadre David «el Rubio» y Jesús «el Cara Cabra». Gracias a ellos he podido seguir estudiando y dotando a cada escultura de personalidad. Gracias de todo corazón, hermanos míos, Dios os bendiga. He disfrutado muchísimo con todos ellos, en especial con mi hermano Alberto Reina, con el que he pasado y me ha posado muchas horas para los estudios anatómicos, cuando estuve tallando las anatomías, desde la madrugada, pasando ratos de charlas, oración y un sinfín de momentos inolvidables; también con mi hermano Emilio «El Duende». Gracias de todo corazón.

Quiero dar las gracias a los artistas del cuero de la empresa «Meryam» de Córdoba, a todo su gran equipo, por las corazas y atrezos de los cinco romanos.

Gracias también al artista orfebre Antonio Medina y su equipo por las labores de diseño y repujado de los cascos y lanzas. Me ha encantado su personalidad y profesionalidad.

A las mujeres de la Hermandad por su labor de costura en las ropas de los romanos, gracias de todo corazón.

A mis ensambladores y sacadores de punto, la familia Ventura y su maravilloso equipo de trabajo, gracias, amigos míos.

A mi querido tocayo y artista en letras de oro de la pintura, «Manuel Peña», por llevar a lápiz la idea que le mostré de esta composición hace ya tres años. Gracias, mi Manué mío.

Y para despedirme, ¿cómo no dar las gracias a Paco, hermano mayor, y su junta de gobierno, mis hermanos de la Humildad de Lebrija, por tanto cariño, confianza plena y por tantos buenos ratos como hemos compartido en estos años de tanta ilusión y trabajo? Gracias de todo corazón, os llevo en mi corazón para siempre. Dios os bendiga, y este misterio sirva aún más para darle gloria al «Señor de la Humildad».

Y las gracias, y mil gracias más, al verdadero artífice de todo: «AL SEÑOR NUESTRO DIOS Y AL ESPÍRITU SANTO» por guiar estas torpes manos para poder darle gloria a Él, a través del arte de la escultura, que sea siempre para su gloria, nunca para la mía.

Muchísimas gracias a todos vosotros, mis amig@s, por vuestro cariño y comentarios que tanta fuerza y ánimo me dais para seguir aprendiendo y algún día ser un grande de la escultura.

Si os parece bien, me encantaría que compartierais la publicación.

«El arte no descansa»

«Martín Nieto, Escultor»

Soldados romanos, San Dimas y Gestas – Misterio Hermandad de la Humildad de Lebrija

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